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Agradecer es la mejor muestra no solo de respeto y consideración sino de ser felices, verdad? Qué lástima damos cuando teniéndolo todo seguimos mendigando satisfacción devorando objetos y comprando sensaciones. Yo misma, en muchas ocasiones.

Introduje a esta Guerrera de la Gratitud en la lista de doce guerreras del proyecto Guerreras de la Luz pues cada vez me doy más cuenta de que practicarla en la vida cotidiana, incluso para mis adentros, tiene mucho poder. El poder de darnos paz, satisfacción, de mostrarnos que todo está bien, tal y como nos suceda, sabiendo que hay un orden superior, al que no alcanzamos a veces a comprender, que dispone las cosas para nuestra evolución.

Por tanto, decir “Gracias” cada noche, antes de dormir, bastaría como única oración.

Agradecer es lo que abre de par en par las puertas de la alegría. Esa es la medicina de esta guerrera. Cuando pongo la vista en la abundancia que hay en mi vida, me siento feliz. Porque de pronto dejo de ansiar lo que no tengo, para reconocer y disfrutar de lo que se me ha dado.

Este movimiento de mi ojo interior lo cambia todo.  No me hace carente, sino abundante. Y esta nueva visión que me regala la Dama de la Gratitud, me impulsa a atravesar el posible dolor que pueda llegar a mi vida. Sentirme afortunada con todo lo que tengo en cada momento me da contento interior.

No sólo reconozco lo que se me da y recibo, también lo que se me quita y disgusta.  Doy las gracias por lo que tengo frente a mí. Ninguna guerrera podría afilar su espada si estuviera siempre a salvo en su cueva.

La mente agradecida siempre se fija en lo mejor y, por tanto, va a recibir lo mejor, este sería el lema de esta sabia señora. Dar gracias abre las puertas a que suceda lo extraordinario.

Es cierto. Cuando me siento agradecida me postro ante la magnificencia del universo. Él sabe lo que conviene en cada momento. Que se nos conceda un día más de vida, un segundo más de respiración ¡Qué milagro la respiración!

Y tú ¿en qué momento del día te paras a dar Gracias a la vida?

Ilustración: «La Guerrera de la Gratitud». Acrílico sobre papel hecho con amor por Elena Caballero.

Ahora que viene el tiempo de soltar, como las hojas se sueltan de las ramas en el otoño en el hemisferio norte, toca soltar juicios demasiado severos. Esta dama que dibujé vestida del color símbolo de la transformación y la alquimia, el morado, nos inmuniza del veneno de la culpa, esa sensación espesa de que hay algo en mí o en ti que es erróneo. La culpa es una autocrítica por no creerme lo suficiente. Por eso no logro estar satisfecha conmigo, ni con los demás. Con este juicio constante pierdo el tren de ser feliz ahora. Pero todo tiene arreglo.

El perdón es la herramienta mágica que me aligera. Descubro que perdonar es liberarme del pasado y quedar disponible para el presente.

Pero la Dama del Perdón me enseña a mirar a los demás con ojos nuevos. A descubrir que el otro es el espejo en el que se refleja lo que yo no he sido capaz de aceptar en mí, oculto en mi inconsciente. Así que observemos quién nos levanta más ampollas. Si lo ataco, me agredo a mí misma.

No se trata de algo malo, tan solo es el programa emocional con el que estamos acostumbrados a funcionar cada uno de nosotros. Cuando reseteo ese programa, dejo de creerme víctima o verdugo, ya no me siento separada de los demás. Abandono la pequeña idea de mí, que se siente agraviada. Y me sumo al desafío de aprovechar toda relación para recordar que tú y yo somos completamente inocentes.

La clemente guerrera me recuerda que mi naturaleza es ser feliz y estar en paz. Ver al otro inocente es volver a mi propia inocencia. Me empuja a soltar lo que me sobra, el juicio. Y experimento una gran felicidad cada vez que consigo aceptarme, cada vez que logro aceptarte.

¿Y tú, eliges paz?

Ilustración: «Guerrera del Perdón». Acrílico sobre papel hecho con amor por Elena Caballero.