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Acabo de regresar de un encuentro ayurveda en la Mancha, cerca de Ciudad Real, en el que un numeroso grupo de personas hemos estado comiendo, hablando, cantando y haciendo yoga. La persona que allí nos congregaba, el doctor Rajbir, comentaba que todo es amor, que busquemos el amor en nosotros. Durante las horas que duró el encuentro apenas pude sentir esa comunión con el cosmos. Hacía mucho calor y poca sombra bajo la que refugiarse, para reconocer algún atisbo de la mística que hay en mí. Pero ha sido al regresar y reposar lo allí vivido y cantado cuando vuelvo a saborear esa conexión con todo.

Amo mis pechos

Ilustración: «Mis pechos, fuentes del amor». Acrílico sobre papel hecho por Elena Caballero.

 

Recuerdo que hace años tuve la visión de que sin amor, no valía la pena nada de nuestro entorno, una casa hecha sin amor, no brilla, no se sostiene, nada, ni un guiso, ni un paseo, ni una pareja, ni un engranaje atómico, ni una cuenta abultada en el banco.

Ahora escuchando al neurocirujano Mario Alonso Puig he vuelto a recordar que el amor es la única práctica, pues afirma que el único antídoto real frente al miedo, el resentimiento o la ira y todas las enfermedades que esas emociones desencadenan, es el amor. Y la gratitud. ¿Y dónde sitúo todo esta energía amorosa en mí, dónde la busco, y cuantas veces no encuentro? En mi pecho. Mejor dicho, en mis pechos, porque soy una mujer. Y aceptarme y quererme yo, tal cual soy en este momento, es el desencadenante del amor que construirá mi vida, los segundos siguientes.

Y vuelvo mi calendario Cuerpo de Mujer 2017 en el mes de agosto y encuentro a mi preciosa Pachamama, -que mereció servir de portada con su dulce gesto-. Y esto pude escribir sobre los pechos y cómo amarlos y cuidarlos como parte fundamental de mi anatomía:

«Mis pechos son pequeños, suaves y sensibles, siempre presentes en mi latido, bajo mis ropas. Con su vibrante tejido, su areola y su pezón, son la más gustosa metáfora del dar y recibir. Representan la generosa abundancia de la naturaleza en mi cuerpo. Primero producen leche y, por extensión, cariño y ternura.

Ojalá todas las mujeres reconocieran generosamente la enorme variedad de tamaños y formas de los pechos y cómo varían de una mujer a otra. Comprenderían qué percepción más sesgada tenemos de nuestras fieles compañeras, las tetas, y cómo las manipulamos para adaptarlas a los gustos imperantes de la sociedad.

Los pechos están situados en el centro energético del cuarto chacra, cerca del corazón. Una zona asociada al amor incondicional y los sentimientos. ¡Cuánto alivio y consuelo han proporcionado los pechos femeninos! Del mismo modo, este lugar es capaz de generar emociones en sus más diversas expresiones. Desde aquí, emana la capacidad de transmutar el dolor mediante el proceso del llanto, el perdón – a otros y quizás a nosotras mismas también – para después, dejarlo marchar.

Anímate a conocer tus pechos y entender su anatomía. Observa cómo se transforman al ritmo de tus ciclos… Se merecen tanta o más atención que tu cutis o tu pelo. Cada vez que lo necesites o cuando te duches, imagínate que tus manos tienen un mágico poder sanador. Mira tus pechos y axilas y acarícialos con amorosa ternura. Gracias a este mimo atento y placentero, puedes nutrirte de un caudal extra de poderosa energía vital».

¡Feliz Verano, hemisferio Norte! ¡Feliz invierno, hermano Sur!

 

Y yo te -me- pregunto: ¿Qué parte de ti necesita de tu cariño?

 

 

 

Andamos con el calor del verano ya en el hemisferio norte en este mes de julio. A la hora de idear el proyecto Cuerpo de Mujer, la tripa se me presentó como ese lugar un poco conflictivo con el que pocas personas están contentas. Se me ocurrió que sería bueno recordar que es en esa zona de nuestra anatomía, donde podemos encontrar el estado de nuestra fuerza interior.

Ilustración: «La tripa, el espacio de mi guerrera.». Acrílico sobre papel hecho con amor por Elena Caballero.

¿Qué le pasa a mi tripa? ¿Por qué no es tan tersa como la de las mujeres de los anuncios?

Quizá sea por su extraordinario tejido, capaz de dilatarse hasta envolver toda la vida que es capaz de engendrar una mujer. Es ahí donde pueden ir también algunos de los kilitos de más, cuando tenemos dificultad en dar con el equilibrio entre lo que comemos y lo que quemamos. Por ese motivo, muchas veces, se desata nuestra relación amor-odio con esta zona.

La insistencia de la publicidad y de las imágenes en esculpir la anatomía femenina, es muy parecida a la locura de esquilmar bosques y capas de la tierra, hasta dejarla en los huesos. Y somos nosotras las únicas que podemos evitar que se haga lo mismo con nuestros cuerpos.

Todas tenemos que reeducar la mirada para ver la belleza intrínseca de la mujer cuya imagen no esté manipulada ni mejorada por un frío programa de ordenador. Cuando despiertes, verás este tipo de hermosura por todas partes y en todas las mujeres, empezando por ti.

En la zona abdominal se localiza el tercer chacra o punto de energía vital, símbolo central de la capacidad de acción, el coraje y la voluntad. Lo que pasa por nuestro estómago influye en el ánimo y en nuestros pensamientos. Por ello, más allá de las dietas milagrosas, al comer, guíate por tu propia sabiduría y sentido común para velar por este, tu otro cerebro.

Una afirmación como El poder reside en mí puede fortalecer esta zona y darnos autosuficiencia para reconocernos y aceptarnos, sin importar si respondemos o no a los cánones establecidos.

No olvidemos que una forma de querernos más y aceptarnos es cambiar nuestra mirada hacia nosotras mismas, con menos exigencias y más disfrute. ¡Pesa tanto el no quererse! Arriba esas camisetas y a recibir en el ombligo el temprano sol de la mañana, eso es medicina.

 

¿Y tú, miras a tu tripa con el cariño que se merece?