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Hola Diciembre, terminamos el año con la última ilustración del calendario Cuerpo de Mujer. Representa la cabeza, los pensamientos y su influencia tanto en mi cuerpo, como en el exterior. En este tiempo es buen momento de revisar pensamientos, creencias y liberarse un poco, verdad? Porque allá, arriba del todo, estás tú, cabecita mía, dirigiendo la orquesta. Casi todo en mi cuerpo es doble menos tú. Por eso me recuerda que soy una con todo.

Mi madre siempre me ha dicho que estoy mejor con el pelo recogido. Y fue al soltármelo, cuando sentí que recuperaba todo mi poder personal. Quiero ser yo quien elige la dirección de mi nave.

Mi manera de pensar, hablar y sentir graba una huella en mis células. Un pensamiento sostenido durante un tiempo y repetido muchas veces, se convierte en creencia. Las creencias son fuerzas vibratorias que acaban formando parte de nuestra biología. Aunque la buena noticia es que los pensamientos siempre se pueden cambiar.

Según los pueblos indígenas, los cabellos simbolizan nuestros pensamientos, al igual que la hierba representa el pensamiento de la Madre Tierra. Es en la coronilla, el punto del séptimo chacra, donde puedo despertar a mi maestra interior.

¿En qué parte del cuerpo está la mente? Se sabe que no está encerrada en ningún órgano. Los tejidos del útero o las mamas, fabrican las mismas sustancias neuroquímicas que elabora el cerebro al pensar. La mente existe en todas nuestras células.

Cuando, a causa de un pensamiento, te llegue alguna profunda emoción, tómate el tiempo de sentirla. Recoge su mensaje y, después, déjala marchar. Atreverse a parar, sentir y soltar –por ese orden- ayuda a sanar el cuerpo más de lo que podíamos imaginar.

Sólo en el aquí y ahora puedo sintonizar con el universo. Cuando estoy bien enraizada en mi cuerpo de mujer puedo afirmar con amor: “Ocupo mi lugar entre el Cielo y la Tierra”. Y, solo entonces puedo sentirme, de verdad, en casa».

¿Qué cuentan tus pensamientos de ti?

Ilustración: «Mi cabeza, entre el cielo y la tierra». Acrílico sobre papel hecho con amor por Elena Caballero.

Llegamos al penúltimo mes del año y es el turno de hablar del rostro. Lo hago a mi manera, un poco física un poco espiritualmente, como es habitual en el proyecto Cuerpo de Mujer 2017. El objetivo, como siempre, es elegir mirarnos con cariño, unos a otros. Y a nosotras mismas en primer lugar.

La cara es la parte más expresiva de mi cuerpo, mi carta de presentación. Además de la sensible piel que me conecta con todo, en ella se encuentran también las ventanas maravillosas por las que el universo se me muestra: mis ojos, orejas, nariz y boca. Por eso, necesito ver más allá y explorar la sabiduría innata que refleja cada pliegue de mi rostro.

Hoy quiero volver a ver, oir, oler, tocar y saborear como lo hacía la niña extasiada que fui. Mirar atardeceres honra el sentido de mi vista. Escuchar el latido del mar, serena mi oído sobre la arena. Oler una pastilla de jabón o la tierra mojada, resucita momentos de mi infancia. Acariciar la suave piel de un cachorro, alegra mi corazón. Degustar una fresca manzana o los labios del ser amado, hacen que merezca la pena vivir.

Sin embargo, el sentido que despierta el verdadero atractivo de nuestra naturaleza es la intuición. Situado encima del entrecejo, en el sexto chacra, se encuentra el llamado tercer ojo. Mirar a través de él, nos ayuda a equilibrar la mente racional y la intuitiva, los dos hemisferios de nuestro cerebro. Cuando eso ocurre, aparece nuestra olvidada sabia interior.

Si todos nuestros sentidos están afinados, nuestra relación con el mundo dejará de estar distorsionada. De este modo podré cambiar la percepción que tengo de mí misma. Y aceptarme tal y como soy. Con mis luces y mis sombras. Así, podré comprobar en mi propia piel lo que afirmaba la célebre diseñadora francesa, Coco Chanel: No hay crema de belleza más eficaz que una mujer que se siente a gusto consigo misma.

¿De qué forma sientes tu belleza?

Ilustración: «Amo mis caras». Acrílico sobre papel hecho con amor por Elena Caballero.