Esto también pasará. No os dejéis llevar por escenarios apocalípticos. Porque no sabemos qué va a pasar. Esta situación es totalmente nueva. Vivámosla a cada momento para sacar la experiencia. Sin temor. Es lo que recomiendan sabios como Eckhart Tolle o Sergi Torres. Para mí, el Coronavirus nos demuestra que el mundo necesita este bálsamo de quietud y silencio para recomponerse no solo de la enfermedad sino de la prisa, el atolondramiento, la voracidad.

Disfrutemos de las «islas de libertad» sin tecnología. Elena Caballero

Y con este nuevo panorama, ¿qué pasa con las tareas escolares en casa? En mi opinión no es necesario cumplir a rajatabla con todos los contenidos habituales. Porque hay que aflojar el ritmo y, además, porque en los momentos de la verdad resultan insuficientes. Ahí se pone de manifiesto la inutilidad de muchas de las materias que enseña el sistema educativo actual a nuestros hijos. Por eso quiero compartir contigo 8 aprendizajes que podemos explorar junto a nuestros hijos o familia en casa.

 

  • 1  Tener un objetivo: Creo que ahora importa más aprender a desarrollar destrezas emocionales y mentales para saber cómo lidiar con esto. Pero tener un quehacer, un objetivo diario y semanal, es importante. Aunque la situación es inhabitual, no dejes que pasen los días sin rumbo. Prueba a escribir tus metas en un papel, por muy sencillas que sean, para que tengan más fuerza.

 

  • 2  Proponer a las escuelas un cambio en la forma de impartir las materias, al menos durante este tiempo: que nuestros profesores prueben a aplicar gradualmente nuevas formas de estudiar cada asignatura. Por ejemplo, a través de las nuevas plataformas de vídeo tipo Zoom, poder compartir la visión personal con el resto de los compañeros; buscar cosas de ciencia que les llamen la atención; leer un libro o un cómic para contarlo después al resto o escribir una redacción sobre cómo están viviendo esta situación en casa.

Para las temidas matemáticas -al menos en mi casa- sería útil poder calcular el presupuesto de una familia para cubrir sus necesidades básicas durante una semana de confinamiento; o aplicar la física a la observación de los cambios sutiles en un entorno doméstico o la química a los procesos que se producen a la hora de hacer la comida. Todo ello sí les servirá en la vida real, para afrontar otras dificultades que sin duda vendrán.

¿Quién dice que no podemos aprender muchas cosas ayudando en la cocina? Foto: Elly Fairytale

  • 3  Aprovechar para cultivar la inteligencia emocional: Por otro lado, sabemos que verbalizar y reconocer las emociones es bueno para transformarlas. Es un momento de mucha confusión, invitémosles a compartir sus sentimientos y expresemos las nuestras con sinceridad y respeto. Tal vez sea bueno invitarles a pensar cómo solucionarían ellos este problema y cuáles creen que son las causas y las posibles consecuencias. O ensayar juntos valores éticos de poner en marcha la paciencia con el hermano pequeño o la generosidad con mamá.

 

O aprender a estar en silencio sin hacer nada. Quizás sea el momento de enseñar a nuestros hijos el arte de reflexionar, de parar, de sostener la incertidumbre sin excesivo estrés. Pero primero hay que aplicarlo en nosotros. Para que no sigamos cayendo en los mismos errores como familia humana. Miremos de frente nuestros miedos y pequeños agobios cotidianos y démosles su justo lugar en el infinito universo.

 

  • 4  Aprender a respirar: En cuanto a la educación física, además de las infinitas tablas on line que se están compartiendo, sería genial también poder invitarles a hacer con nosotros sencillos ejercicios respiratorios para tranquilizar la mente y oxigenar el cuerpo. Y compartir con ellos otras tantas prácticas saludables de aquietamiento mental que tan buenos resultados nos dan a nosotros en momentos difíciles o desconocidos.

 

  • 5  Repasar la lección de la compasión y el desapego: Enseñarles la importancia de aprender que nada es permanente, que es bueno familiarizarse con el despedirse de las cosas, de las situaciones, de las personas. Invita a tus hijos a imaginar por un instante lo que debe ser estar en una cama de hospital, enfermo, sin poder ver a nadie.

Que piensen, solo por un instante, en cuántas personas solas, soportando carencias debe haber en su ciudad. Y luego brindarles la herramienta de poder hacer algo por ellos: que pongan su intención en enviarles amor a todas esas personas usando el poderoso influjo de la visualización o de la oración, saliendo de su corazón.

  • 6  Liberarse de la dictadura digital. Esta me parece un verdadero desafío, pero muy necesaria. Podemos empezar a enseñarles contención, el camino medio, que es no es necesario estar siempre conectado a los MCM o a las redes.

Muéstrales con tu ejemplo que nos merecemos islas de libertad en las que nada ni nadie nos diga qué es lo que toca pensar, o sentir o cómo tengo que divertirme. Descubre junto a ellos el placer de utilizar los espacios de silencio y descanso para crear, como durante siglos han hecho artistas, científicos, visionarios y poetas para bien del mundo.

  • 7  Que hay una hermandad universal, que todos somos Uno. Enseñarle que es inútil la discriminación, que estamos contenidos en un todo que es el cosmos. Que es posible creer en una mirada nueva que nos acoge a todos. Que somos hermanos y no hay nadie que sea más que nadie, como bien nos recuerda esta pandemia. Venimos igual y nos vamos igual. Somos una gran tribu, no estamos solos.
  • Es posible creer en una mirada nueva que nos acoge a todos.

Solo quedará de nosotros cuando nos hayamos ido, el amor que hayamos dado, el respeto que nos hayamos tenido a nosotros mismos y el legado o aportación que cada uno, según su talento, puede dejar a la humanidad. Todo eso podemos aprenderlo y dedicarlo.

  • 8  Enseñar las bondades de cultivar la paz y dar gracias. Que la paz interior es el verdadero tesoro es mi mantra desde hace años. Es lo único que nos va a servir de verdad para no sufrir: estar presente, respirando. Porque aquí y ahora, si no estás enfermo, no hay temor, ni sufrimiento. Dile a tu hij@: “Confía, suelta, sonríe”. Pero primero exprésalo a ti mismo. Y enséñale a decir junto a ti GRACIAS porque somos muy afortunados, por tener familia, salud, casa, comida y vida.

Con todo ello, amig@, vamos a reencuadrar la situación. Bajemos a tierra. Esta es, si lo piensas, la mejor situación planetaria que puede permitirnos dedicarnos a todo esto y compartirlo con nuestros hijos, familia, amigos, o con quien quiera que nos toque compartir este tiempo de oro. Lo que prueba que, aunque de momento no lo comprendamos, todo es para bien.

 

¿Qué otros aprendizajes se te ocurren? Me encantará leerte.

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