Valores / Edades / Educación de paz / meditaciones / Autoestima / Mente / Mujeres sabias / Madurez /

La mujer de 56 a 63 años. Vivencias del noveno septeno.

Como en el nuevo curso, así comienza esta tercera época de la vida que va desde los 56 a los 63 años, con una sensación de permiso para reiniciarme. Un buen momento para recuperar la pasión por las cosas. Ahora disfruto disponiendo de más tiempo para mí misma y con el “nido vacío” aprendo a desprenderme. Hasta digo adiós a la vieja Elena para dejar espacio a mi ser auténtico.

Madurez 3: noveno septenio

Ilustración: «Sabias. Noveno septenio. Volver a empezar». Acrílico sobre papel hecho con amor por Elena Caballero.

Si lo miro bien, hasta me alivia sentirme un poco invisible y estar en condiciones de hacer -por fin- lo que me da la gana. Por primera vez, mi cuerpo reclama con intensidad un lugar de quietud y atención, por ello, disfruto disponiendo de más tiempo para mí misma.

Suele ser el momento del nido vacío o tal vez de la ausencia definitiva de los padres, lo que exigirá un duelo. Saldré, lloraré y puede que grite en la espesura. Me permitiré sentir el dolor, sin acorcharme. Regresaré a casa y, tras lamer mis heridas, pasaré página y empezaré de nuevo.

Por tanto, observo que aprender a desprenderse es el precio de la madurez y la sabiduría.

A estas alturas, es urgente practicar diferentes formas de ser. También en la pareja u otras relaciones, a través del perdón, el respeto y la admiración. Más allá de la rutina, qué gusto da recuperar la sorpresa y el asombro de cuando éramos niños.

Con este panorama, mis fuerzas decrecen pero son compensadas con una mayor conciencia. Al fin y al cabo, la bondad, la belleza y la verdad que aprendí en mis tres primeros septenios son los valores que guían hoy mis pasos.

¿Qué nuevas tareas tengo aún por delante?

 

Mi tío me contó una vez: “A los 50 rompí el cascarón”. Y cuando yo los cumplí, también lo supe. Por fin, comprendí de qué iba esta cosa del vivir. Con 49 años, al mirarme en el espejo llega la conciencia y con ella la realidad: soy frágil y vulnerable. Esto me hace más compasiva.

Madurez 2: octavo septenio

Madurez 2: octavo septenio
La mujer de 49 a 56 años. Octavo septenio
Alegría de ir más ligera
A pesar de los cambios externos, de la mayor flacidez y cansancio, a esta edad me veo capaz de aceptar todo lo que me ocurre.

A pesar de los cambios externos, de la mayor flacidez y cansancio, me siento mejor que nunca. Y, aunque algunas cosas no me gusten, me veo capaz de aceptar todo lo que me ocurre.

Las visitas de Señorita Incomodidad, Doña Ansiedad, Mister Insomnio o Madame Depresión, son pasajeras. Hasta los posibles sofocos de lo que ahora llamo “Plenipausia”, pasarán. Como todo. Cada vez que consigo atravesar estos cambios físicos y anímicos tan profundos sin alarmarme en exceso, resucito.

He tirado todo lo que me sobra y dejado atrás muchas pautas y costumbres que me ataban y entorpecían mi vida. Con estas metamorfosis, despierto a mi maestra interna. Llega el don de aconsejar con amor y humildad para instruir en la disciplina interior, en el camino a casa.

¿Qué ramas debes podar?

Si te sintieras sobrepasada en esta etapa, piensa en tus tareas, tus creencias y tus relaciones humanas del momento actual como en las ramas de un árbol. Observa cuáles hay que cortar para que puedan germinar nuevos brotes. Y haz un bonito dibujo con el árbol que quieres ser ahora.

¿Si no fuera por el dolor cómo sabría yo despertar?

 

Ilustración: «Octavo septenio, aligerarse o morir». Acrílico sobre papel hecho con amor por Elena Caballero.