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Mi tío me contó una vez: “A los 50 rompí el cascarón”. Y cuando yo los cumplí, también lo supe. Por fin, comprendí de qué iba esta cosa del vivir. Con 49 años, al mirarme en el espejo llega la conciencia y con ella la realidad: soy frágil y vulnerable. Esto me hace más compasiva.

Madurez 2: octavo septenio

Madurez 2: octavo septenio
La mujer de 49 a 56 años. Octavo septenio
Alegría de ir más ligera
A pesar de los cambios externos, de la mayor flacidez y cansancio, a esta edad me veo capaz de aceptar todo lo que me ocurre.

A pesar de los cambios externos, de la mayor flacidez y cansancio, me siento mejor que nunca. Y, aunque algunas cosas no me gusten, me veo capaz de aceptar todo lo que me ocurre.

Las visitas de Señorita Incomodidad, Doña Ansiedad, Mister Insomnio o Madame Depresión, son pasajeras. Hasta los posibles sofocos de lo que ahora llamo “Plenipausia”, pasarán. Como todo. Cada vez que consigo atravesar estos cambios físicos y anímicos tan profundos sin alarmarme en exceso, resucito.

He tirado todo lo que me sobra y dejado atrás muchas pautas y costumbres que me ataban y entorpecían mi vida. Con estas metamorfosis, despierto a mi maestra interna. Llega el don de aconsejar con amor y humildad para instruir en la disciplina interior, en el camino a casa.

¿Qué ramas debes podar?

Si te sintieras sobrepasada en esta etapa, piensa en tus tareas, tus creencias y tus relaciones humanas del momento actual como en las ramas de un árbol. Observa cuáles hay que cortar para que puedan germinar nuevos brotes. Y haz un bonito dibujo con el árbol que quieres ser ahora.

¿Si no fuera por el dolor cómo sabría yo despertar?

 

Ilustración: «Octavo septenio, aligerarse o morir». Acrílico sobre papel hecho con amor por Elena Caballero.

La mujer de 42 a 49 años. Vivencias del séptimo septenio:

Estrenamos mes con la promesa de iniciar un cambio de aires, ya sea exterior o interior, pero lo que más me apetece es mover ficha. A ver dónde me llevan mis pies este verano… Para reflejar esta edad, que marca un claro antes y después me inspiré en Magritte. Ahora empiezan muchas cosas buenas, pero el umbral hay que cruzarlo. Vienen cambios. Por ejemplo, los veranos empiezan a volverse aún más calurosos.

Las edades de la Mujer

Madurez 1: séptimo septenio
La mujer de 42 a 49 años. Séptimo septenio
Cruzar el umbral
El personaje que he interpretado hasta ahora ya no me sirve. Comienza una etapa más acorde a mi esencia.

A mí me llegó la menopausia a los 49. Había escuchado que los sofocos de la menopausia son producidos por el “fuego” masculino interior que balancea nuestro sistema hormonal en estos años. Así, se fortalece nuestro animus o espíritu orientado a la acción. Un potencial liberado que ayuda a concretar muchos de nuestros anhelos.

Alrededor de los 42 años llega una crisis existencial. Para alumbrar lo verdadero que habita en mí, debo enfrentarme a mi cara más desconocida y oscura.

El personaje que he interpretado hasta ahora ya no me sirve. Comienza una etapa más acorde a mi esencia y, en mi caso particular, decido divorciarme y seguir mi camino en solitario. En lo que me transforme a partir de ahora marcará los años siguientes. Pasado el tiempo descubro mi faceta como ilustradora y me atrevo a reconocerme artista.

Además, hacerme mayor es una oportunidad para empoderarme: ahora soy más atrevida. Y eso es sexy. La energía de mi cuerpo declina y mi alma aflora.

Me preparo para un ciclo más espiritual. Debo iniciar un trabajo con el desapego y con el perdón. Meditar y cultivar la amistad son mis mayores aliados.

Te has preguntado alguna vez ¿qué entorpece tu libre caminar?

Ilustración: «Cruzar el umbral, séptimo septenio». Acrílico sobre papel hecho con amor por Elena Caballero.