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Gracias a mi hijo Dani apareció la Mujer Nieve en mi calendario Mujeres de la Naturaleza! Bocetando a Mujer Nube él me rogó que sin la Mujer Nieve no tendría sentido el trabajo. Y ahora que la descubro pasando página a diciembre, no me imagino acabar el año sin ella. Tan quieta, tan callada, tan oscura y tan luminosa.

Ilustración: «Mujer Nieve». Acrílico sobre papel hecho con amor por Elena Caballero.

En un mundo tan sobre calentado por la trepidante acción, un poco de Mujer Nieve hibernante, hace mucho. Regula, refresca. Vivan las mujeres hibernantes. Las que se paran, las que sueñan, las que se cuidan y vuelven a regenerarse en su cueva. Saborean su derecho a no necesitar, a no comprar, a no hacer. ¿Para qué esa algarabía? Paren, paren, paren el mundo que yo me bajo.

Mujer Nieve grita verdades como: “Preservemos el Ártico, ¿qué haremos Hombres y Mujeres de la Naturaleza sin su termostato? Prestadme un invierno para descansar y un horizonte con cumbres blancas donde la esperanza pueda brotar”.

 

Y tú, ¿qué maneras tienes de invernar?

 

Casi todo el mundo habla ahora del tiempo. En el metro, en la calle, en las plazas de los pueblos. Que si no llueve, que si cuánto calor para esta época del año en pleno otoño. Y una punzada me recorre el cuerpo: ya llega a nuestras puertas el deterioro del planeta en nombre del progreso y la ignorancia humana. Pero me paro y decido no dejarme avasallar por turbios pensamientos. De todas formas, ¿cómo yo podría detenerlo? Puede que con mi conciencia en el vivir aquí y ahora. Y, desde ahí, trabajar. Por ello reclamo este tiempo para hilvanarme por dentro, huir de los charlatanes y construirme nueva para lo nuevo que viene.

Ilustración: «La Bailarina de los 4 Elementos». Acrílico sobre papel hecho con amor por Elena Caballero.

Salgamos a escuchar a la gran maestra, la naturaleza. Para el mes de noviembre de mi calendario Mujeres de la Naturaleza 2016 elegí construir un mandala para empezar a entender cómo funcionan los elementos, que para mí simbolizan el equilibrio. Los imaginé como cuatro bailarinas cogidas de las manos y unidas por sus úteros.

Y escribí: «La Mujer Aire piensa y dirige, aviva la pasión de la Dama del Fuego que intuye y transforma; la Señora del Agua es sentimental y cambia a cada paso, mientras la Mujer Tierra, tan instintiva, a todas sostiene con su piel.

El espacio que las acoge es el llamado quinto elemento o éter, donde cada bailarina ocupa un punto cardinal, conectado con las cuatro caras de la naturaleza.

El Este es el símbolo de la Dama del Aire, de la primavera, la infancia, el amanecer, la pre-ovulación y la luna creciente. Su animal místico oriental es el dragón azul. Volverse hacia el este es dirigirse hacia lo nuevo, abrirse a lo que está por llegar.

El Sur representa la Mujer Fuego, el verano, la juventud, el mediodía, la ovulación y la luna llena. El pájaro rojo es su animal. Nos orientamos al sur para pedir buenas relaciones con las demás personas y compartir la creatividad de la vida.

El Oeste es el símbolo de la Señora del Agua, del otoño, la madurez, el atardecer, la fase premenstrual y/o menopausia y la luna menguante. Su animal es el tigre blanco. Nos colocaremos hacia el poniente, hacia el sol que se va, para soltar lo que ya no necesitamos.

El Norte corresponde a la Mujer Tierra, al invierno, la vejez, la noche, la menstruación-menopausia y la luna nueva. La tortuga negra es su animal. Miraremos hacia el norte para solicitar orientación sobre el camino a seguir.

El universo entero se mueve para servirnos de inspiración en la infinita rueda de vivir, morir y renacer».

Y al observar serena el ritmo de esta danza, mantengo mi esperanza.

 

¿Y tú, cómo vives el baile de los elementos en tu cuerpo y en la vida?