Volver a empezar a los 56

La mujer de 56 a 63 años. Vivencias del noveno septenio

Como en el nuevo curso, así comienza esta tercera época de la vida que va desde los 56 a los 63 años, con una sensación de permiso para reiniciarme. Un buen momento para recuperar la pasión por las cosas.

«Volver a empezar. Noveno septenio». Acrílico sobre papel. Elena Caballero

Hasta me alivia sentirme un poco invisible. Por primera vez, mi cuerpo reclama con intensidad un lugar de quietud y atención. Disfruto disponiendo de más tiempo para mí misma.

Suele ser el momento del nido vacío o tal vez de la ausencia definitiva de los padres, lo que exigirá un duelo. Saldré, lloraré y puede que grite en la espesura. Me permitiré sentir el dolor, sin acorcharme. Regresaré a casa y, tras lamer mis heridas, pasaré página y empezaré de nuevo.

Aprender a desprenderse es el precio de la madurez y la sabiduría.

A estas alturas, es urgente practicar diferentes formas de ser. También en la pareja u otras relaciones, a través del perdón, el respeto y la admiración. Más allá de la rutina, qué gusto da recuperar la sorpresa y el asombro de cuando éramos niños.

Mis fuerzas decrecen y son compensadas con una mayor conciencia. La bondad, la belleza y la verdad que aprendí en mis tres primeros septenios son los valores que guían hoy mis pasos.

¿Qué nuevas tareas tengo aún por delante?

Vivencias del primer septenio: nace una flor

Este año comenzamos con una serie de ilustraciones que he realizado para que viajemos por todas las edades, desde la tierna infancia hasta la ancianidad, por septenios. El propósito de Las Edades de las Mujeres es descubrir qué tesoros se encierran en cada etapa de la vida.  Empezando por el principio me dibujé cogidita de la mano por mi madre y mi padre, en un entorno imaginario, que pretende ser el norte de España.  Quería transmitir esa inocencia pura que yo tenía, y qué difícil plasmar eso. De cualquier forma éste es el resultado y su mirada limpia abre las páginas de este nuevo proyecto en forma de calendarios y agendas en el que me he vuelto a embarcar para 2019. Ojalá lo disfrutéis. Para mi ha sido un camino profundo muy necesario para conocerme y quererme más. Mi deseo es que también lo sea para ti.

“La verdadera patria del ser humano es la infancia”, escribió Rilke. La niña que fui se adentra en ese país azul como una delicada flor: requiere agüita, cariño y calor. Mis sentidos son las hojas que absorben y graban desde cada gesto y olor hasta intenciones y tonos de voz.

Técnica mixta sobre papel: El primer septenio.

Para desarrollarme necesito sentir que el mundo es bueno, un lugar seguro donde crecer. Hace falta un buen nido para sostenerme y realizar lo que yo traigo a esta existencia. La confianza en mí misma se forja en estos primeros años. Si cuento con la mirada amorosa de mis padres o cuidadores, podré desplegar mi propia capacidad de amar.Hasta los 7 años es tiempo de construir todos mis órganos físicos. Jugando desarrollo toda mi energía vital. Dejemos mi aprendizaje intelectual para el siguiente septenio.

En este momento, el contacto humano y la naturaleza son lo más importante para mi salud. En mi caso, aún me impregna el aroma de los pinos del Monte Umbe y el aura de misterio del Bilbao donde nací.

Como nada es perfecto, de vez en cuando me transporto con la imaginación a algún episodio de mi infancia, para “enmendar” los posibles errores del pasado. Allí, lo transformo en lo que me hubiera gustado que fuera, y de esa forma, consuelo a mi niña interior herida. Un auto abrazo imaginario ayuda a deshacer los nudos más arcaicos.

Y yo me pregunto:

¿Qué queda de esa niña en mí? ¿Qué me pide ahora?

¿Y la tuya?

 

Septiembre: ¡Confianza!

Una noche, al finalizar un concierto, el músico despedía su actuación deseándonos al público salud y confianza. Desprevenida, la luz de la Confianza avivó mi corazón como una llama. Tuve claro que debía incluirla entre las primeras de mi lista de guerreras luminosas.

La Confianza pisando fuerte y amorosa en acrílico y papel.

Descubrí que a menudo había mirado afuera, haciendo caso omiso a quién era yo en realidad. Y pensé: ¿Dónde está mi fuente de poder? De ese lugar debo alimentarme para ser auténtica. Pues si no, el mundo se convierte en un lugar donde la coreografía que bailo y la música que suena es siempre la de otros.

Ponte ya a danzar en el escenario de tu vida, ordena esta bella señora mientras nos empuja suavemente por la espalda. Confiar es reconocer tu brillo interior, el primer resorte para dar un paso, declara.

Fiarme de mí, siempre, es un ejercicio para el que hace falta la claridad de una guerrera. Me da permiso para acometer cualquier tarea que me proponga. El coraje de abandonar el control y confiar en la existencia tal y como es.

La confianza se nutre con el silencio, cuando me ofrezco cosas que me hacen sentir bien, acogida. Recordando cómo fui capaz de llegar yo sola hasta hoy. Es una labor de mimo, escucha y apertura para desperezar esa confianza, tantas veces dormida.

Primordial tarea, la de enraizarte en tu propio poder y caminar. La de saber que suceda lo que suceda, yo misma podré sostenerme y acogerme. ¡Confianza! A veces hay que nombrar las cosas para que despierten en nosotros esencias ocultas, verdades olvidadas.

Yo me repito a mí misma palabras talisman que me hacen sentir poderosa, confiada, capaz:

Soy un manantial de poder

¿Y tú lo has probado?